index de escritos sobre lo que puede ser el museo
desde el disenso pragmático y la imaginación radical

El museo como sitio para la protesta y la desobediencia

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Los museos son espacios atravesados por poderes hegemónicos y estructuras de autoridad que construyen y sostienen prácticas y jerarquías de valor.

La disrupción de la acción política en estos espacios (activismos, huelgas, ocupaciones, intervenciones, etc.) funciona cuando interrumpe la tranquilidad del privilegio (Hayward, 2020) y la “ignorancia cómoda”1 que evita ver y atender los problemas estructurales2 (Araya López & Davis, 2024).

Aunque las protestas en museos o las pintas en monumentos suelen ser condenadas –por medios de comunicación y grupos conservadores– como caprichosas o ilógicas, constituyen formas de acción simbólica e interrupción epistémica y afectiva que confrontan valores arraigados y normalizados (Araya López & Davis, 2024).

No solamente se trata de visibilidad mediática sino de:

  • Cuestionar aquello que la sociedad 
considera digno de proteger
  • Confrontar los relatos hegemónicos
  • Incomodar las rutinas de consumo cultural
  • Evidenciar de qué lado están las instituciones
  • Provocar un extrañamiento cognitivo en quienes se benefician del status quo
  • Crear espacios visibles para confrontar al poder
  • Imaginar los museos como lugares de defensa de las personas y lo que realmente nos importa

A pesar de promover la participación, muchas organizaciones prefieren contener el desacuerdo mediante políticas y prácticas aparentemente abiertas, pero que en realidad cooptan e institucionalizan la protesta: pasan de censurar las pintas 
espontáneas y necesarias en la protesta a actividades organizadas y controladas por el museo.

Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, México

“El desplazamiento y la censura de los actos políticos reflejan las tendencias a criminalizar, deslegitimar y demonizar la disidencia” (Araya López & Davis, 2024). Pero, “hay esperanza, no pueden limpiar todo nuestro desastre” (Ahmed, 2017).

La práctica del disenso

Y es que no tendría por qué haber una lógica de la disidencia, sino que lo que hay que rechazar es la restricción de formas políticas radicales (Araya López & Davis, 2024) en los espacios donde se produce lo simbólico y lo común.
Este control no solo opera a nivel institucional, sino también a través de la regulación de la conducta y los afectos, en la definición de qué formas de disentir se consideran “aceptables”.


Desde su crítica a los modos de la academia, Sara Ahmed (2017) advierte sobre esas normas de conducta (presentadas como lealtad institucional, profesionalismo o reglas de convivencia) que funcionan como dispositivos que neutralizan el desacuerdo y la queja. De ahí la necesidad de desobedecerlas.

Se trata de inventar otros espacios, aquellos que no se conforman con los canales oficiales, y permitir actos de vandalismo (Ahmed, 2017):

…decolonizar los planes de estudio, dejar de citar a 
 hombres blancos, escribir de otras formas, 
 destruir los universales, destrozar los tronos 
 académicos, visibilizar la queja, escribir los nombres 
 de acosadores en los libros de las bibliotecas, 
dejar notas en los baños, grafitear las paredes y
 los monumentos, ocupar los espacios, 
acabar con lo que se supone debemos reverenciar y 
reproducir.

Referencias

Ahmed, S. (2017, octubre 24). Institutional As Usual. Feminist Killjoys. https://feministkilljoys.com/2017/10/24/institutional-as-usual/
 
Araya López, A., & Davis, C. J. (2024). On Art and the Limits of Dissent: Climate Activism at Museums and Galleries. Protest, 4(2), 143–176.
 
Hayward, C. R. (2020). Disruption: What Is It Good For? The Journal of Politics, 82(2), 448–459.
 
Patruno, L. (2011). Estéticas del disenso. Desapariciones, exilios y políticas de la visibilidad. Revista Letral, 6, 112–130.


  1. También deliberada o motivada. ↩︎
  2. Necropolítica, 
explotación laboral, destrucción ambiental, extractivismo, desigualdades, desplazamientos forzados, genocidios, etcétera. ↩︎